martes, 14 de julio de 2009

Tocho

El mundo se cae a pedazos y nosotros disparamos nos decía mi abuelo nos grababa en las retinas las expresiones de sus ojos en los tímpanos las curvaturas de su voz y nosotros los tres lo mirábamos sin pestañear lo mirábamos él nos contaba cuentos siempre de noche antes o después de la cena nos contaba muchos nos leía libritos que estaban coloreados y llenos de dibujos del Tío Rico y sus tres sobrinos de Charito la Chatilla que tenía castañuelas y era de Sevilla cuentos del Quirquincho que decía que había un zorro muy vivo que siempre embromaba a un tigre muy Tigre pero muy lento y había frases que no eran malas palabras pero nos hacían reír y mi abuelo las entonaba siempre ponía matices en su voz siempre y decía que ni la misma madre que lo re parió lo hubiera reconocido y nosotros reventábamos de risa siempre reventábamos y Madre fruncía el ceño y decía que parir era una mala palabra y Padre dejaba de reírse para decir que no y en todo caso ya no importaba porque el abuelo seguía leyendo pero el que más nos gustaba era el del gallo y la gallina faraona que lo sabía de memoria y lo contaba siempre igual aunque a veces le cambiaba algunos detalles y le agregaba animales nuevos la cuestión es que había un gallo y una gallina faraona durmiendo en lo alto de un eucalipto y en medio de la noche los frutos empezaban a caer toc toc Abuelo golpeaba nuestras cabezas toc toc los frutos del árbol golpeaban la cabeza de la gallina que se asustaba y despertaba al gallo y le decía que debían marchar pero por qué porque el mundo se cae a pedazos entonces bajaban del árbol y en el camino de huida otros animales les preguntaban qué hacían y el gallo y la gallina siempre respondían el mundo se cae a pedazos y nosotros disparamos cuestión que al fin de cuentas era una horda importante de animales que buscaban dónde dormir antes del fin del mundo y todos se metían en una casa que encontraban abandonada en el camino porque después de todo era invierno y hacía frío entonces todos los animales se acomodaban en lugares diferentes y el gato en la estufa que todavía estaba calentita la cuestión es que esa misma noche unos ladrones entraban a esa casa buscando refugio y casi le prenden fuego los ojos al gato porque los confundieron con brasas y todos los animales se despertaban y empezaban a hacer ruidos y mi abuelo hacía todos y en el medio seguro estaba el perro el Willy que trabajaba en el campo y probablemente fuera el mejor perro del mundo y al fin de cuentas los ladrones huían despavoridos y al campo lo salvaban los animales.

Y el otro día el otro día el otro día hace bastante y durante un tiempo ya que me pregunto de dónde me viene esta necesidad de narrar de escribir cuentos de inventar historias de dónde de dónde y pensé que tal vez era sólo mío si puede ser y también puede ser que mi abuelo tuviera mucho que ver con eso y de esto me di cuenta el otro día cuando estaba mirando el noticiero y sin querer dije en voz alta el mundo se cae a pedazos y nosotros disparamos.

















Mi

abuelo

Tocho

lunes, 13 de julio de 2009

Gurruchaga

Y vivíamos en un departamento en la calle Gurruchaga ahí vivíamos cuando llegamos a Buenos Aires tenía dos ambientes y éramos cinco la cocina era chiquita en el living estaba la mesa grande larga de algarrobo y alrededor corríamos nosotros siete cinco y cuatro años teníamos y Facundo devolveme mi muñeca y no se la des no se la des Pilar sos una traidora no te quiero más y el de siete se reía corríamos corríamos  alrededor de la mesa y Señora llévese a esos chicos al campo a esas bestias decía el viejo borracho del piso de abajo del bloque de enfrente y yo era chiquita pero miraba por la ventana y veía la botella de vino vacía las pilas de libros el desorden la vejez la decadencia todo en un marco todo en una ventana y yo veía y pensaba que si algún día le veía la cara a esa voz me iba a dar miedo me iba a dar miedo cuando durmiera y los pasillos eran oscuros y tenían botones rojos de luz el ascensor tenía rejas de rombo y yo pensaba que si metía el dedo y lo sacaba rápido después de llamar al ascensor no me lo iba a arrancar Madre me retaba siempre me retaba el baño era chiquito y era uno y en el camino estaba el lavarropas Madre lavaba ropa cuando no la veíamos porque así estaba más tranquila y había dos camas en el living y un colchón en el piso donde dormía Pilar y a veces nos turnábamos era divertido porque parecía un campamento cuando me tocaba a mí me gustaba jugar con las puertas del modular pegado a la pared pegado a la mesa abajo del teléfono que colgaba de la otra pared con el cual Madre se enteró que Abuelo se cayó y se quebró la cadera y Padre una vez probó de marcar nuestro número y el teléfono sonó y él se rió y a mí me dio risa y a veces pensaba que me gustaría que me salieran alas para que cuando Madre me rete me fuera volando por la ventana y no tener que estar ahí escuchando lo que hice mal que me salieran alas para irme volando por esa ventana del living esa ventana que daba al patio interno del edificio era chiquito y creo que estaba partido por una pared y era el patio más feo y ridículo que podía uno haber visto a los cinco años no era como el patio de la casa de Mendoza este tenía las paredes más altas del mundo y en este departamento que digo jugamos gritamos corrimos y tomamos Nesquik de frutilla una tarde porque creímos que nos iba a gustar. 

Y cuánto vivimos en Gurruchaga Madre un año y medio. 




A mi


me pareció



mucho 

menos

tiempo. 














Que 

me salieran 

alas.